El primer día de colegio para niños/as y padres es muy importante en la vida de ambos. La escuela es una continuación de la familia, asume el papel de agente social, ya que es el primer medio de socialización y el profesor/a debe asumir este rol.

La escuela es un lugar de juego, de aprendizaje y de interacción social.

Cuando el niño/a de dos o tres años se incorpora al mundo escolar, sufre una separación, el lazo afectivo con la figura de apego sufre una ruptura, el tiempo que se emplea para que el niño asimile felizmente dicho cambio es lo que se llama Periodo de Adaptación.  Éste adquiere gran relevancia, ya que su actitud ante la escuela, ante las relaciones sociales, ante los aprendizajes depende de cómo asimile este proceso.

Es responsabilidad de los padres y educadores cuidar y planificar correctamente el camino y que los primeros tiempos de escuela no supongan ningún trauma.

 

Se sabe que el niño/a va a la escuela con un lazo de unión muy fuerte con la figura de apego, lo que supone sufrimiento y angustia por ambas partes, al pensar que es abandonado y abandona.  A esto sumamos el gran cambio que supone salir de un mundo familiar en un ambiente de seguridad y roles conocidos por él/ella. Tiene que salir poco a poco de su egocentrismo, independizándose e ir conquistando su mundo interno.

 

Cuando no se ha organizado un adecuado periodo de adaptación el niño/a presenta unas conductas muy peculiares. Estas se pueden dividir en varios campos:

 

1.    Somático: Alteración del sueño, trastornos digestivos, alimentarios, etc.

 

2.    Afectivo y social: llanto, resignación, no participan, son apáticos...

 

3.    Psíquicos: Ansiedad, miedo, celos….

 

Se considera buena adaptación del niño/a cuando es capaz de relacionarse con sus iguales y con los adultos, expresa afecto, habla de las experiencias, no muestra agresividad, ni aislamiento, cuando no espera la figura de apego con ansiedad y no reclama con insistencia el acercamiento físico, cuando se mueve por el aula con soltura y utiliza el material.

 

                                   

El papel fundamental de los Adultos

 

Tanto padres como educadores, deben estar atentos para que el ingreso del niño/a en la institución escolar, se efectúe de forma natural.  Los padres tienen gran influencia en este momento ya que la adaptación de su hijo/a determinada en gran medida por cómo ellos asuman la separación, sus temores, sus expectativas, su ansiedad, su seguridad o inseguridad en la decisión que han tomado y su grado de confianza en las posibilidades del niño/a y en las garantías del centro educativo elegido. Estos sentimientos pueden ser trasmitidos por los padres a través de diversas manifestaciones de excesiva preocupación, angustia, etc., que son captadas por su hijo/a respondiendo inconscientemente a ellas de forma negativa.

 

Para superar dudas, temores, ansiedades es obligatorio potenciar los contactos escuela-familia, antes y después de la incorporación a la institución.

 

La función del adulto cercano al niño/a será el de canalizar, auxiliar, observar el comportamiento, expectativas y manera de solucionar situaciones. El adulto no debe entorpecer su proceso. Es importante que la madre, padre o cualquier persona  vinculada al niño/a, acuda con su hijo a la escuela y permanezca con él durante el tiempo asignado para ver, observar y jugar con hijo/a y con los otros niños/as del aula.  Lógicamente, no siempre es necesaria la presencia diaria de los padres, bien porque es un niño/a sin problemas o porque consideran (profesores y padres) que deben separarse durante una parte de la jornada escolar, aunque el conflicto no se haya superado totalmente. 

 

Consejos para los padres:

 

1.    Estad convencidos de vuestra decisión. No generéis dudas, inseguridad ni culpabilidad por el hecho de dejar a vuestro hijo en la escuela: Es un lugar seguro, positivo y especialmente pensado para ellos.

 

2.    Cread desde el principio una buena comunicación con el tutor de vuestro hijo.

 

3.    Participad en la escuela a través de las actividades que os propongan

 

4.    Sed constantes en la asistencia y los horarios.

 

5.    Interesaos por lo que vuestro hijo ha hecho y aprendido cada día.

 

6.    Adaptad los horarios de casa, a los de la escuela, al menos una semana antes del inicio.

 

7.    Implicad al niño en la compra de su nuevo material: uniforme, mochila, babi…

 

8.    Explicadle las rutinas básicas que va a realizar en la escuela.

 

9. Practicad con él las autonomías básicas que le vayan a ser necesarias: colgar su bolsa en la percha, bajarse el pantalón, lavarse la cara, pedir agua…

 

10. Llevadle en persona los primeros días de cole y, en la medida de lo posible, intentad también recogerle. En caso de no ser los padres quienes le recojan, avisadle de quién irá y procurad que sea siempre la misma persona.

 

11. Despedíos siempre de él. Sin engaños. Es posible que llore, en ese caso le mostraremos consuelo pero no alargaremos demasiado la despedida. Recordadle siempre que volveremos a por él y asociadlo a una situación temporal que conozca, más que a una hora ya que no podrá entenderlo (Por ejemplo, “Papá vendrá a por ti después de merendar”).

 

Teresa Herrera

Psicóloga Educativa.